El diagnóstico de la leishmaniasis puede llegar a ser complejo debido a la gran variabilidad de manifestaciones clínicas y alteraciones clinicopatológicas y hay que tener en cuenta que no existen pruebas de laboratorio 100% sensibles o específicas.

La aproximación diagnóstica más útil para investigar la infección son la detección de anticuerpos anti-Leishmania (o sea, las defensas que el animal fabrica frente al parásito) mediante técnicas serológicas cuantitativas y la detección del ADN del propio parásito en tejidos mediante técnicas moleculares.

En el primer caso, a través de una muestra sanguínea, se realiza una de estas dos técnicas en el laboratorio: la tecnia de inmunofluorescencia indirecta (IFI) o Enzime-linked inmunosorbente assay (ELISA). Los elevados niveles de anticuerpos se asocian a un elevado parasitismo y enfermedad. Al ser una técnica cuantitativa, los resultados se pueden clasificar en negativos, dudosos, positivos bajos, medios o altos. Un nivel alto de anticuerpos permite realizar un diagnóstico definitivo de leishmaniosis pero en cambio, un nivel bajo de anticuerpos no es necesariamente indicativo de enfermedad, y son necesarias otras pruebas complementarias para confirmar o excluir la leishmaniosis clínica mediante otras técnicas.

En el segundo caso, las técnicas moleculares (PCR) se basan en la detección del ADN del propio parásito, y se pueden realizar a partir de diferentes tejidos como la sangre, material histológico u otros fluidos biológicos. Hay que tener en cuenta, que la detección del ADN de la leishmania es indicativo de que el perro está infectado pero no demuestra la enfermedad, y es posible que algunos de estos perros nunca lleguen a desarrollarla. Dentro de las PCRs, existen la convencional y la cuantitativa, esta segunda, nos da mucha más información, ya que cuantifica el número de parásitos presentes en la muestra, y por lo tanto, aparte de ayudarnos en el diagnóstico, también nos puede indicar la efectividad del tratamiento.

Existen también los tests immunocromatogràfics, que son fáciles de usar y permiten dar un resultado cualitativo rápido a la misma clínica. Son kits con una buena especificidad pero de sensibilidad variable.

Finalmente, también se puede realizar el diagnóstico mediante la observación directa del parásito (en forma de amastigotes) en citologías de lesiones cutáneas o aspirados de médula ósea, linfonodos o bazo. Esta técnica pero es poco sensible debido a la dificultad que representa encontrar el parásito justamente en la muestra que obtenemos. En cambio, la evaluación de biopsias cutáneas o de otros órganos en combinación del uso de la inmunohistoquímica (técnica específica que se realiza en el laboratorio de anatomía patológica) aumenta esta sensibilidad cuando el parásito se encuentra en bajo número a los tejidos.

Una vez que tenemos confirmado el diagnóstico, será necesario hacer una analítica sanguínea más compleja, así como un análisis de orina y entonces podemos clasificar al paciente en un estadio clínico. Esto pretende agrupar a los pacientes con una misma gravedad y pronóstico, ahora bien, después podrá ser trasladado a otro estadio si su situación clínica mejora o empeora:

Centro Veterinario Chapin @ 2015. Todos los derechos reservados

¿Te gusta esta Web? Claro, Diseñada por guiate!

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y su experiencia al usarlo. Las cookies utilizadas para el funcionamiento esencial del sitio ya se han establecido. Para saber más sobre las cookies que utilizamos y cómo eliminarlas, consulte nuestra Política de Cookies.

Acepto las cookies de este sitio